"El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho."
Mostrando entradas con la etiqueta Poemas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poemas. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de febrero de 2014

Soliloquio del Individuo [Nicanor Parra]

Yo soy el Individuo.
Primero viví en una roca
(allí grabé algunas figuras).
Luego busqué un lugar más apropiado.
Yo soy el Individuo.
Primero tuve que procurarme alimentos,
buscar peces, pájaros, buscar leña
(ya me preocuparía de los demás asuntos).
Hacer una fogata,
leña, leña, dónde encontrar un poco de leña,
algo de leña para hacer una fogata,
yo soy el Individuo.
Al mismo tiempo me pregunté,
fui a un abismo lleno de aire;
me respondió una voz:
yo soy el Individuo.
Después traté de cambiarme a otra roca,
allí también grabé figuras,
grabé un río, búfalos,
grabé una serpiente,
yo soy el Individuo.
Pero no. Me aburrí de las cosas que hacía,
el fuego me molestaba,
quería ver más,
yo soy el Individuo.
Bajé a un valle regado por un río,
allí encontré lo que necesitaba,
encontré un pueblo salvaje,
una tribu,
yo soy el Individuo.
Vi que allí se hacían algunas cosas,
figuras grababan en las rocas,
hacían fuego, ¡también hacían fuego!,
yo soy el Individuo.
Me preguntaron que de dónde venía.
Contesté que sí, que no tenía planes determinados,
contesté que no, que de ahí en adelante.
Bien.
Tomé entonces un trozo de piedra que encontré en un río
y empecé a trabajar con ella,
empecé a pulirla,
de ella hice una parte de mi propia vida.
Pero esto es demasiado largo.
Corté unos árboles para navegar,
buscaba peces,
buscaba diferentes cosas
(yo soy el Individuo).
Hasta que me empecé a aburrir nuevamente.
Las tempestades aburren,
los truenos, los relámpagos,
yo soy el Individuo.
Bien. Me puse a pensar un poco,
preguntas estúpidas se me venían a la cabeza,
falsos problemas.
Entonces empecé a vagar por unos bosques.
Llegué a un árbol y a otro árbol,
llegué a una fuente,
a una fosa en que se veían algunas ratas:
aquí vengo yo, dije entonces,
¿habéis visto por aquí una tribu,
un pueblo salvaje que hace fuego?
De este modo me desplacé hacia el oeste
acompañado por otros seres,
o más bien solo.
Para ver hay que creer, me decían,
yo soy el Individuo.
Formas veía en la obscuridad,
nubes tal vez,
tal vez veía nubes, veía relámpagos;
a todo esto habían pasado ya varios días,
yo me sentía morir;
inventé unas máquinas,
construí relojes,
armas, vehículos,
yo soy el Individuo.
Apenas tenía tiempo para enterrar a mis muertos,
apenas tenía tiempo para sembrar,
yo soy el Individuo.
Años más tarde concebí unas cosas,
unas formas,
crucé las fronteras
y permanecí fijo en una especie de nicho,
en una barca que navegó cuarenta días,
cuarenta noches,
yo soy el Individuo.
Luego vinieron unas sequías,
vinieron unas guerras,
tipos de color entraron al valle,
pero yo debía seguir adelante,
debía producir.
Produje ciencia, verdades inmutables,
produje tanagras,
di a luz libros de miles de páginas,
se me hinchó la cara,
construí un fonógrafo,
la máquina de coser,
empezaron a aparecer los primeros automóviles,
yo soy el Individuo.
Alguien segregaba planetas,
¡árboles segregaba!,
pero yo segregaba herramientas,
muebles, útiles de escritorio,
yo soy el Individuo.
Se construyeron también ciudades,
rutas,
instituciones religiosas pasaron de moda,
buscaban dicha, buscaban felicidad,
yo soy el Individuo.
Después me dediqué mejor a viajar,
a practicar, a practicar idiomas,
idiomas,
yo soy el Individuo.
Miré por una cerradura,
sí, miré, qué digo, miré,
para salir de la duda miré,
detrás de unas cortinas,
yo soy el Individuo.
Bien.
Mejor es tal vez que vuelva a ese valle,
a esa roca que me sirvió de hogar,
y empiece a grabar de nuevo,
de atrás para adelante grabar
el mundo al revés.
Pero no: la vida no tiene sentido.

sábado, 18 de mayo de 2013

Macorina [Alfonso Camín]


Veinte años y entre palmeras.
Los cuerpos, como banderas.
Noche. Guateque. Danzón.
La orquesta marcaba un son
de selva ardiente y caprina.
El cielo, un gran frenesí:
"Pon
ponme la mano aquí,
Macorina."
Alumbran el barracón
grandes faroles de China.

!Finas plantas de criolla
que bordan al canevá
de aquel danzón,que se enrolla
como en la palma el majá;
y alguien que me dice que "arrolla"
tu curepo, ritmo y pasión!
Como guitarra en tensión
tú ibas temblando, temblando;
yo iba pulsando, pulsando
un bordón y otro bordón.

!Aún hoy no sé dónde queda
la piel y empieza el linón!
!Para mí todo era seda
caliente en aquel danzón!
Un pañuelo carmesí
que voló del corazón
de algún negro lucumí,
y entre bagazo y pasión
se quedó temblando allí.
"Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina".
Aire entre esencia calina.
!La luna es un tiburón
que va tragando anilina!
Estaba el cielo de Oriente
caldeado como tu frente.
Tus pies dejaban la estera
y se escapaba tu saya
buscando la guardarraya;
que, al ver tu talle tan fino,
las cañas azucareras
se echaban sobre el camino
para que tú las molieras,
como si fueras molino.
"Pon,
ponme la mano aquí
Macorina."
!Tu pelo, jíbaro y fiero,
una manigua cubana
para mi amor guerrillero!
Tu acento, suave, dulzón,
sinsonie que en la mañana
todo su canto desgrana.
Cocuyos hechos canción,
tus ojos de calentura;
tu sangre, notas de un son;
tu boca, una bendición
de guanábana madura;
tus senos, carne de anón,
!y era tu fina cintura
la misma que aquel danzón!
Vaho de caña y maní:
"Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina."
Olor a verde limón,
a naranja mandarina.
Dulces, aguardiente y ron.
Después, el amanecer
que de mis brazos te lleva,
!y yo, sin saber
qué hacer
de aquel olor a mujer,
a "mango" y a caña nueva,
con que me llenaste al son
caliente de aquel danzón;
gallo de fino espolón
en un bardal primitivo;
un tambor de piel de chivo,
un timbarl y una ocarina!
"Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina."

Yo bebo el último ron
y quedo pensando en ti.
En ti y en aquel danzón.
En el viejo barracón
ya no hay faroles de China.
!Todos se han hecho carbón!

viernes, 29 de marzo de 2013

Amor constante más allá de la muerte [Quevedo]

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;

Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.


sábado, 6 de octubre de 2012

Sensation [Rimbaud]


Par les soirs bleus d'été, j'iarai dans les sentiers,
picoté par les blés, fouler l'herbe menue:
rêveur, j'en sentirai la fraîcheur à mes pieds.
Je laisserai le vent baigner ma tête nue.

Je ne parlerai pas, je ne penserai rien:
mais l'amour infini me montera dans l'âme,
et j'irai loin, bien loin, comme un bohémien,
par la Nature, -hereux comme avec une femme. 

 

He Made This Screen [Marianne Moore]



He Made This Screen
not of silver nor of coral
but of weatherbeaten laurel.

Here, he introduced a sea
uniform like tapestry;

here a fig-tree; there, a face;
there, a dragon circling space-

designating here, a bower;
there, a pointed passion-flower. 


domingo, 9 de septiembre de 2012

Agua oscura [Lezama Lima]

 
I
 
La oscuridad desemboca
más allá de su morrión
borra las letras que toca
con aceite y con lazón.
La oscuridad que se invoca
roza mis labios con fuego,
su escritura salta y luego
traza un pavón auroral,
los designios del coral
y los perplejos del juego.
 
 
II
 
Agua tersa va muriendo
en los juncales del río,
el techo del caserío
se inclina y va lamiendo
los entorchados del frío.
Un fulgor y dos a dos,
tejidos como entredós,
sin estorbo y sin sonrisa,
cuando la toronja avisa
una mañana con Dios.
 
 
III
 
Prepara lo contragolpes,
el vino y los borbotones,
el fantasma y los mandobles,
mientras ascienden sillones
impulsados por redobles
que crujen en la pizarra.
El jinete se desgarra
al romperse la campana
en tropel de filigrana
y en badajo que desbarra.
 
 
IV
 
Llegan consejos, suspiros
de un andar de medianoche,
el deslizarse del coche
va soplando los vampiros
que oscurecen el derroche
de un chal y de una lumbre
que cubren la muchedumbre
de astros en sus chirimías.
Tamañas algarabías
y un cielo de podredumbre.
 
 
V
 
Al despertar el confín
media aurora y media granja,
se vislumbraba un sinfín
de un amarillo naranja
donde bailaba un delfín
la ronda de la pasión
de una nueva creación
de playa y de horizonte,
como si creciera el monte
hinchado por la canción.


VI

En el hotel se inmiscuye
el patio con algarrobo
la noche que restituye
un caracol y un lobo,
después la noche concluye
su obertura, lo que queda
en la mañana de seda
brinca como un tornasol.
Guardarropía del sol
con el plumaje de Leda.


VII

Con la vejiga nadante
digo la respiración,
recupera ya el andante,
y no suda en el balcón
sueños de un febricitante
que fulmina un comentario.
Rebrillos del lapidario
en la mañana escondido,
y así entona sumergido
el ojo del lampadario.


VIII

El brillo, el metal, aurora
que vuelve al metal hervor
una hilacha de fulgor
rota al centro por la prora,
el pañuelo, el decidor
en su mejor elegancia,
va diciendo la fragancia.
Es la función del anzuelo,
tirar un pescado al cielo,
llenar de azul la distancia.


IX

Miró al través de una reja
una luz que se bifurca,
por encima de la teja
salta, como una trifulca,
un bulto que no nos deja.
Les disparamos venablos
a los diversos retablos
con figurillas de cera,
un buen olor nos espera,
ya se fueron los mil diablos.


X

Músico sin instrumento
girasol sin rumbo al sol,
terso y plano caracol
caminando contra el viento.
Risotas para un lamento
mueve su cola al revés,
es paradoja tal vez
ver un cielo en la bombilla.
Gracias de la cochinilla
en un pezón al revés.


XI

El patio del corralón
baila tijeras inciertas,
están siempre recubiertas
de un cegato pañolón.
Así en fila, descubiertos
van pasando en extramuros
un desfile de canguros.
Como un atlas de lo informe,
la noche entera deforme
y el rezo de los Dioscuros.


XII

Existe aquí un doblaje,
el tesón del brazo duro
que recurva en el boscaje
como un carrusel maduro,
o la cinta del lenguaje
cuando procura encubrir,
más que todo desdecir
el choque de verbo y aire,
como la pluma al desgaire
hace imposible mentir.


XIII

Canoro y métrico coro
en los puntales del día,
una raya como un oro,
tortuga del mediodía
y un clarinete sonoro;
al lastimarse la quilla,
con la presión la rodilla
cubre seda al calamar,
trenzado al fondo del mar,
peluquín sobre una silla.


XIV

Alrededor de una paila,
un tridente sacamuelas
enreda las entretelas
donde un gnomo vuelve y baila
tijereteando las telas.
Sentado sobre un castaño
aparece cada año
este gnomo y este arquero
tiran sobre un minutero
que a sí mismo se hace daño.


XV

La mentira se rompió,
una parte voló al cielo
y a sí misma se entendió
forjar como un caramelo.
¡Magna interpretación
a la altura del balcón!
Dueño de este rocío
la mentira fue forrada
y ahora yace arrebolada
en los discursos del río.


XVI

Viruta de platabanda
las alas del pectoral,
en la sacristía ya anda
el espíritu del mal,
con campanillas desbanda
un tumulto desigual,
el terror ya residual,
fuera de toda condena,
sigue como un alma en pena
la más triste bacanal.


XVII

En la roca desespera,
cortada por el helecho,
allí solitario impera
la espuma de un blanco lecho
que sigue en eterna espera
de dos espaldas lunares,
llenas de anclas abisales
y quitasol de cipango.
Con pasos lentos de tango
el ciclón en los maizales.


XVIII

La voz se rompió el alcor
solitario se perdió,
fue más grande que el terror,
la espina dorsal sintió
lenta como un estertor
que en la ventana de olvido,
signos donde está perdido,
un extraño caminante
que se acercó tan gigante
y en lo blanco fue hundido.


XIX

Borrando la comprensión
de una alegre juglaría,
los intrumentos del día
tiran, rompen su acordeón
y su compás que medía
media esfera y media espira.
Ya se levanta y expira
cerca del césped fruncido
y va quedando dormido
en la noche de la pira.


XX

Un chispazo mineral
separa las dos alcobas,
como si al cubrir las ovas
se derramase la sal
burlando los rompeolas
que bifurcan ola y ala
en el centro de la sala
donde sonríe el acuario
la teoría de un planetario
que el fuego callado exhala.


XXI

El dueño de la corneta,
el infante bien nacido,
la sangre y allí fue herido
al quitarse la careta
ráfaga del sin sentido,
gritando desde el trasfondo
el último cante jondo
que en espirales se pierde.
Aviva la sangre al verde
desde el matiz hasta el fondo.


XXII

Rompiendo la donosura
y acabando con la iguana,
buscando otra hermosura
más alada y más humana,
que en el vacío murmura
del caos y de los vientos
 que borran los juramentos
que siguen astro por astro,
ya van recreando el rastro,
pegando en la cola al viento.


XXIII

Une la casa cercana
con el lejos de la ola,
el oído en caracola
reinaugura la mañana,
blanca arena en tarsa cola.
El retrato, un garabato,
polémico caricato,
se va destiñendo el sobre,
quedando en placa de cobre
el maullido de un gato.


XXIV

Viene la noche irónica
con remedos de botín,
al pasar un serpentín
se muestra aún pletórica.
La noche cae al confín
como si fuese una larva,
más escarba y más escarba.
Al penetrar con su lanza,
como una esperanza parva
al ciego de bienandanza.


Abril y 1972


 


lunes, 3 de septiembre de 2012

No swan so fine [Marianne Moore]


"No water was so still as the
dead fountains of Versailles." No swan,
with swart blind look askance
and gondoliering legs, so fine
as the chinz china one with the fawn-
brown eyes and toothed gold
collar on to show whose bird it was.

Lodged in the Louis Fifteenth
candelabrum-tree of cockscomb-
tinted buttons, dahlias,
sea-urchins, and everlastings,
it perches on the branching foam
of polished sculptured
flowers--at ease and tall. The king is dead.


domingo, 2 de septiembre de 2012

To my dear and loving husband [Anne Bradstreet]

If ever two were one, then surely we.
If ever man were loved by wife, then thee;
if ever wife was happy in a man,
compare with me, ye women, if you can.
I prize thy love more than whole mines of gold
or all the riches that the East doth hold.
My love is such that rivers cannot quench,
nor ought but love from thee, give recompense.
Thy love is such I can no way repay,
the heavens reward thee manifold, I pray.
Then while we live, in love let's so persevere
that when we live no more, we may live ever.

-1678-

sábado, 1 de septiembre de 2012

Madrigal [Lezama Lima]

El tallo de una rosa se ha encolerizado con las avispas
que impedían que su cintura fuese y viniese con las mareas
cuando estaba tan tranquila en las graderías de un templo
y un marinero llamado por la palabra marea
se ha unido a los clamores de alfileres sin sueño
y le ha dado un fuerte pellizco al tallo de una rosa
lo que no merecía lo que no alcanzaba en su sonrisa
en su cítara en su respiración tornasolada
la cólera de un marinero
mil manos que se alzaban en el remedo de un beso
en esta pirámise de besos
para que en lo alto más despacio más pañuelo más señorita
una rosa una rosa
que no puede aislar ni unas cuantas avispas encolerizadas
que la han vencido que se le han pegado tenazmente a los flancos
y ya son ramita entre dos recuerdos.
Desconchamiento de lunas que no vienen
sus escamas de otoño
pero el niño que se ha quedado detenido frente a los encantamientos
de un caballo blanco
se apresura en su dulce memoria de lunares
a evocar sus regalos para ingresar en la nieve
entre dos recuerdos de aire pulsado entre dos conchas
que recorren un hilo de sienes de sien a sien
como entre dos recuerdos
un dedo besado atormentado desnudado
una muchedumbre de Perseos enlunados
que esperan a los más crecidos cazadores de medianoche
porque ha llegado el día que no se alcanza con media docena de cítaras
redondas espinas siempre festón de nieve enhebrado
que se adelantan con la crecida del aire
de dos conchas entre dos recuerdos
entrecortados silbidos en las graderías de un templo
hasta el instante en que es la sangre de hoy
hojas del recuerdo en las ventanas de las joyerías
ojos que miran cómodamente la avispa mordiendo el tallo de una rosa
para negártelo en el aire guante fronda lenta flauta
la misma rosa que ha inclinado su frente para recoger tu pañuelo
y esconderlo hasta que pasen los cazadores de medianoche.


viernes, 31 de agosto de 2012

Se te escapa entre alondras [Lezama Lima]

Se te escapa entre alondras el ruido de sienes
para el agua desoída en las primeras horas
que existen o no existen pero siempre aletean
buscando la compuerta de un ruido virado
por el exceso de trabajo, por le risa.

Que existen o no existen
si tú fueras el primero
a cazar en la nieve
los insectos sin ojos
que ruedan por la nieve.

Oh, que tú seas el fin que entorna los balcones
que despiertan sin nunca despertar
en la hora prestada al baño de los ciervos.
Que lo que aprisiones sea más que el ruido
del brazo donde todo es mar afinado
para el solo momento de alcanzar el relente.
Oh, que tus labios asciendan en la respiración de los balcones
que aceptan la prisa del humo deletreado
y tus miradas se estilen en la orilla de los ríos
reemplazando a los suicidas.

Ysu suerte se ha quedado
bajo los párpados pobres
como un pellizco en la rosa
del aliento de los dedos
y se reconoce y se pierde
en los insectos sin ojos
que ruedan por la nieve.


lunes, 27 de agosto de 2012

Ah, que tú escapes [Lezama Lima]


Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos caballos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.


lunes, 20 de agosto de 2012

The sick rose [William Blake]



O rose, thou art sick!
The invisible worm,
That flies in the night,
In the howling storm,

Has found out thy bed
Of crimson joy,
And his dark secret love
Does thy life destroy.


martes, 14 de febrero de 2012

Sonatina [Rubén Darío]


La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

lunes, 19 de diciembre de 2011

The Tyger [William Blake]


Tyger! Tyger! burning bright
in the forests of the night,
what immortal hand or eye
could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare sieze the fire?

And what shoulder, & what art
could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
what dread hand? & what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? what dread grasp
dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
and watered heaven with their tears,
did he smile his work to see?
Did he who made the Lamb make thee?

Tyger! Tyger! burning bright
in the forests of the night,
what immortal hand or eye
dare frame thy fearful symmetry?



An Octopus [Marianne Moore]

An Octopus
of ice. Deceptively reserved and flat,
it lies 'in grandeur and in mass'
beneath a sea of shifting snow-dunes;
dots of cyclamen-red and maroon on its clearly defined
pseudo-podia
made of glass that will bend–a much needed invention–
comprising twenty-eight ice-fields from fifty to five hundred
feet thick,
of unimagined delicacy.
'Picking periwinkles from the cracks'
or killing prey with the concentric crushing rigor of the python,
it hovers forward 'spider fashion
on its arms' misleading like lace;
its 'ghostly pallor changing
to the green metallic tinge of an anemone-starred pool.'
The fir-trees, in 'the magnitude of their root systems,'
rise aloof from these maneuvers 'creepy to behold,'
austere specimens of our American royal families,
'each like the shadow of the one beside it.
The rock seems frail compared with the dark energy of life,'
its vermilion and onyx and manganese-blue interior expensiveness
left at the mercy of the weather;
'stained transversely by iron where the water drips down,'
recognized by its plants and its animals.
Completing a circle,
you have been deceived into thinking that you have progressed,
under the polite needles of the larches
'hung to filter, not to intercept the sunlight'–
met by tightly wattled spruce-twigs
'conformed to an edge like clipped cypress
as if no branch could penetrate the cold beyond its company';
and dumps of gold and silver ore enclosing The Goat’s Mirror–
that lady-fingerlike depression in the shape of the left human
foot,
which prejudices you in favor of itself
before you have had time to see the others;
its indigo, pea-green, blue-green, and turquoise,
from a hundred to two hundred feet deep,
'merging in irregular patches in the middle of the lake
where, like gusts of a storm
obliterating the shadows of the fir-trees, the wind makes lanes
of ripples.'
What spot could have merits of equal importance
for bears, elks, deer, wolves, goats, and ducks?
Pre-empted by their ancestors,
this is the property of the exacting porcupine,
and of the rat 'slipping along to its burrow in the swamp
or pausing on high ground to smell the heather';
of 'thoughtful beavers
making drains which seem the work of careful men with shovels,'
and of the bears inspecting unexpectedly
ant-hills and berry-bushes.
Composed of calcium gems and alabaster pillars,
topaz, tourmaline crystals and amethyst quartz,
their den in somewhere else, concealed in the confusion
of 'blue forests thrown together with marble and jasper and agate
as if the whole quarries had been dynamited.'
And farther up, in a stag-at-bay position
as a scintillating fragment of these terrible stalagmites,
stands the goat,
its eye fixed on the waterfall which never seems to fall–
an endless skein swayed by the wind,
immune to force of gravity in the perspective of the peaks.
A special antelope
acclimated to 'grottoes from which issue penetrating draughts
which make you wonder why you came,'
it stands it ground
on cliffs the color of the clouds, of petrified white vapor–
black feet, eyes, nose, and horns, engraved on dazzling ice-fields,
the ermine body on the crystal peak;
the sun kindling its shoulders to maximum heat like acetylene,
dyeing them white–
upon this antique pedestal,
'a mountain with those graceful lines which prove it a volcano,'
its top a complete cone like Fujiyama’s
till an explosion blew it off.
Distinguished by a beauty
of which 'the visitor dare never fully speak at home
for fear of being stoned as an impostor,'
Big Snow Mountain is the home of a diversity of creatures:
those who 'have lived in hotels
but who now live in camps–who prefer to';
the mountain guide evolving from the trapper,
'in two pairs of trousers, the outer one older,
wearing slowly away from the feet to the knees';
'the nine-striped chipmunk
running with unmammal-like agility along a log';
the water ouzel
with 'its passion for rapids and high-pressured falls,'
building under the arch of some tiny Niagara;
the white-tailed ptarmigan 'in winter solid white,
feeding on heather-bells and alpine buckwheat';
and the eleven eagles of the west,
'fond of the spring fragrance and the winter colors,'
used to the unegoistic action of the glaciers
and 'several hours of frost every midsummer night.'
'They make a nice appearance, don’t they,'
happy see nothing?
Perched on treacherous lava and pumice–
those unadjusted chimney-pots and cleavers
which stipulate 'names and addresses of persons to notify
in case of disaster'–
they hear the roar of ice and supervise the water
winding slowly through the cliffs,
the road 'climbing like the thread
which forms the groove around a snail-shell,
doubling back and forth until where snow begins, it ends.'
No 'deliberate wide-eyed wistfulness' is here
among the boulders sunk in ripples and white water
where 'when you hear the best wild music of the forest
it is sure to be a marmot,'
the victim on some slight observatory,
of 'a struggle between curiosity and caution,'
inquiring what has scared it:
a stone from the moraine descending in leaps,
another marmot, or the spotted ponies with glass eyes,
brought up on frosty grass and flowers
and rapid draughts of ice-water.
Instructed none knows how, to climb the mountain,
by business men who require for recreation
three hundred and sixty-five holidays in the year,
these conspicuously spotted little horses are peculiar;
hard to discern among the birch-trees, ferns, and lily-pads,
avalanche lilies, Indian paint-brushes,
bear’s ears and kittentails,
and miniature cavalcades of chlorophylless fungi
magnified in profile on the moss-beds like moonstones in the water;
the cavalcade of calico competing
with the original American menagerie of styles
among the white flowers of the rhododendron surmounting
rigid leaves
upon which moisture works its alchemy,
transmuting verdure into onyx.

'Like happy souls in Hell,' enjoying mental difficulties,
the Greeks
amused themselves with delicate behavior
because it was 'so noble and fair';
not practised in adapting their intelligence
to eagle-traps and snow-shoes,
to alpenstocks and other toys contrived by those
'alive to the advantage of invigorating pleasures.'
Bows, arrows, oars, and paddles, for which trees provide the
wood,
in new countries more eloquent than elsewhere–
augmenting the assertion that, essentially humane,
'the forest affords wood for dwellings and by its beauty
stimulates the moral vigor of its citizens.'
The Greeks liked smoothness, distrusting what was back
of what could not be clearly seen,
resolving with benevolent conclusiveness,
'complexities which still will be complexities
as long as the world lasts';
ascribing what we clumsily call happiness,
to 'an accident or a quality,
a spiritual substance or the soul itself,
an act, a disposition, or a habit,
or a habit infused, to which the soul has been persuaded,
or something distinct from a habit, a power'–
such power as Adam had and we are still devoid of.
'Emotionally sensitive, their hearts were hard';
their wisdom was remote
from that of these odd oracles of cool official sarcasm,
upon this game preserve
where 'guns, nets, seines, traps, and explosives,
hired vehicles, gambling and intoxicants are prohibited;
disobedient persons being summarily removed
and not allowed to return without permission in writing.'
It is self-evident
that it is frightful to have everything afraid of one;
that one must do as one is told
and eat rice, prunes, dates, raisins, hardtack, and tomatoes
this fossil flower concise without a shiver,
intact when it is cut,
damned for its sacrosanct remoteness–
like Henry James 'damned by the public for decorum';
not decorum, but restraint;
it is the love of doing hard things
that rebuffed and wore them out–a public out of sympathy
with neatness.

Neatness of finish! Neatness of finish!
Relentless accuracy is the nature of this octopus
with its capacity for fact.
'Creeping slowly as with meditated stealth,
its arms seeming to approach from all directions,'
it receives one under winds that 'tear the snow to bits
and hurl it like a sandblast
shearing off twigs and loose bark from the trees.'
Is 'tree' the word for these things
'flat on the ground like vines'?
some 'bent in a half circle with branches on one side
suggesting dust-brushes, not trees;
some finding strength in union, forming little stunted grooves
their flattened mats of branches shrunk in trying to escape'
from the hard mountain 'planned by ice and polished by the wind'–
the white volcano with no weather side;
the lightning flashing at its base,
rain falling in the valleys, and snow falling on the peak–
the glassy octopus symmetrically pointed,
its claw cut by the avalanche
'with a sound like the crack of a rifle,
in a curtain of powdered snow launched like a waterfall.'

sábado, 3 de diciembre de 2011

Perfección del círculo [Jorge Guillén]



Con misterio acaban
en filos de cima,
sujeta a la línea
fiel a la mirada,

los claros, amables
muros de un misterio,
invisible dentro
del bloque del aire.

Su luz es divina:
misterio sin sombra.
La sombra desdobla
viles mascarillas.

Misterio perfecto,
perfección del círculo,
círculo del circo
secreto del cielo.

Misteriosamente
refulge y se cela.
-¿Quién? ¿Dios? ¿El Poema?
-Misteriosamente...


domingo, 20 de noviembre de 2011

Poems in Unrhymed Cadence - II [F.S. Flint]



Under the lily shadow
and the gold
and the blue and mauve
that the whin and lilac
pour down on the water,
the fishes quiver.

Over the green cold leaves
and the rippled silver
and the tarnished copper
of its neck and beak,
toward the deep black water
beneath the arches,
the swan float slowly.

Into the dark of the arch the swan floats
and the black depth of my sorrow
bears a white rose of flame.



The secret of life is not to do what one likes, but to try to like what one has to do.

Mood Board

Pablo Neruda Sofia Coppola Françoise Hardy Edie Sedgwick José Lezama Lima Julio Cortázar Audrey Hepburn Bob Dylan Brigitte Bardot Francisco de Goya Roberto Bolaño William Blake Ernest Hemingway Joan Baez Terunobu Fujimori Allen Ginsberg Françoise Truffaut Gonzalo Rojas James Abbott McNeill Whistler Luis Barragán Marianne Moore Nicanor Parra Pablo Picasso Anna Karina Arthur Rimbaud Balzac Bernardo Bertolucci Billy Wilder Catherine Deneuve Edgar Allan Poe Eric Rohmer Ernesto Cardenal Franz Kafka Gary Cooper George Borrow J.M.W. Turner Jean Fragonard Jean Luc Godard Jean Seberg Jorge Guillén Kate Moss Lord Byron Mario Benedetti Patrick Vale Patti Smith Pieter Bruegel Sam Haskins Stanley Kubrick Susan Sontag Terrence Malick Van Gogh Walt Whitman Wim Wenders Woody Allen Albert Camus Alberto Durero Alfonso Camín Anaïs Nin Andy Warhol Anne Bradstreet Annie Leibovitz Anthony Minghella Anton Corbijn Astrid Kirchherr Beethoven Benjamin Franklin Bigas Luna Carmen Laforet Cary Fukunaga Caspar David Friederich Charles Baudelaire Charles Bukowski Charlotte Rampling Che Guevara Claes Oldenburg Claude Monet Clémance Poésy Coco Chanel D. H. Lawrence Darren Aronofsky Edward Hopper Elia Kazan Enrique Rojas Ezra Pound F.S. Flint Federico Fellini Florence + The Machine Foo Fighters Francisco de Quevedo Frank Gehry Friederich Schiller Garry Winogrand Giovanni Battista Piranesi Helmut Newton Hunter S Thompson Inez vam Lamsweerde and Vinoodh Matadin Jack Kerouac James Blake Jane Austen Jane Birkin Jean Baudrillard Jean Paul Belmondo Jean Paul Sartre Jeremy Kapone Jimmy Hendrix Jonathan Dayton Jorge Luis Borges Joseph Szabo Juan Marsé Katherine Ross Keith Richards Kurt Cobain Langston Hughes Lauren Bacall Leopoldo María Panero Luís Buñuel Marc Webb Marcello Mastroianni Mario Monicelli Mario Testino Mat Kazman Mia Wasikowska Michael Jackson Michelangelo Antonioni Mick Jagger Nicole Krauss Nietzsche Onetti Oscar Niemeyer Peter Eisenmann Philippe Starck Pink Floyd Quentin Tarantino Rem Koolhaas Roald Dahl Robert Delaunay Roger Vadim Roman Polanski Rubén Darío Salvador Dalí Simone de Bouvoir Terje Rypdal Terry Rodgers Victor Hugo Víctor Erice William Wyler