"El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho."
domingo, 9 de diciembre de 2012
La Biblia en España (p 182) [George Borrow]
¡Qué hombres tan extraordinarios son por lo general los corresponsales de los periódicos ingleses! De seguro que, si hay alguna clase de hombres que merezca llamarse cosmopolita, es ésta, formada por gente que ejerce su profesión en cualquier país indistintamente y se acomoda a voluntad a los usos de todas las clases sociales; a cuya fluidez de estilo como escritores sólo supera su facilidad de palabra en la conversación, y a su conocimiento de las letras clásicas, su experiencia del mundo, adquirida por una temprana iniciación en el bullicioso teatro de la vida.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Briefe an Milena (pp 35-38) [Franz Kafka]
Martes
Es tan hermoso haber recibido su carta, tengo que conststarle, aunque estoy mareado de insomnio. No sé qué escribirle, sólo me paseo entre las líneas, a la luz de sus ojos, bajo el aliento de su boca como en un hermoso día feliz, que sigue siendo hermoso y feliz aunque la cabeza está enferma, cansada, y el lunes hay que partir hacia Múnich.
Suyo, F
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Jueves
Ya ve Milena, me quedo echado en mi silla de reposo, por la mañana, desnudo, medio en el sol, medio en la sombra, después de una noche casi enteramente insomne; cómo dormir, cuando soy demasiado liviano para el sueño y revoloteo constantemente en torno a usted, cuando en realidad estoy aterrado, exactamente como escribe usted hoy, por eso "que me ha caído en el regazo", tan aterrado como los profetas que según se cuenta eran débiles criaturas (ya o todavía, es lo mismo), cuando oyeron la voy que los llamaba y se sintieron aterrados, no querían obedecer, hundían los pies en el suelo y sentían un miedo enloquecedor; ya habían oído anteriormente voces, pero no sabían de dónde provenía el tono aterrador de esta voz determinada -si era la debilidad de su oído o la potencia de la voz-, ni tampoco sabían, porque eran criaturas, que la voz ya había vencido y ya se había acuartelado, justamente gracias a ese terror preliminar y lleno de premoniciones que les inspiraba, y que sin embargo no demostraba todavía su condición de profetas, ya son muchos los que oyen la voz, pero en realidad es muy dudoso afirmar aun objetivamente que la merezcan, y para mayr seguridad sería mejor negarlo de antemano... Así estaba yo, cuando llegaron sus dos cartas.
Algo tenemos en común, Milena, según creo: somos tan tímidos y tan temerosos que cada carta es distinta, casi todas las cartas se asustan de la anterior y aún más de la respuesta. Usted no es así por naturaleza, eso se ve fácilmente, y yo, hasta es posible que tampoco yo sea así por naturaleza, pero ya se ha convertido casi en mi propia naturaleza; sólo cuando estoy desesperado y a veces cuando estoy enfadado pierdo esa cualidad y, por supuesto, cuando tengo miedo.
Muchas veces tengo la impresión de que estuviéramos en una habitación con dos puertas opuestas, y cada uno tuviera aferrada la manija de una puerta, y apenas uno mueve los párpados ya está el otro detrás de su puerta, y ahora basta que el primero diga una sola palabra para que el otro cierre su puerta detrás de sí y desaparezca. Volverá a abrir la puerta, por supuesto, ya que tal vez es una habitación que no puede abandonarse. Si por lo menos el primero no se pareciera tan exactamente al segundo, si se quedara quieto, si por lo menos aparentara no mirar al segundo, si se dedicara a poner lentamente en orden el cuarto, como si fuera un cuarto como todos los demás; pero en cambio hace exactamente lo mismo que el otro junto a su puerta, a veces se encuentran ambos cada uno detrás de su puerta, y la hermosa habitación queda vacía.
Esto da origen a dolorosos malentendidos, Milena; usted se quejade algunas cartas, dice que les da vuelta por todos lados y nada cae de ellas, y sin embargo son ésas, justamente ésas, si no me equivoco, en las que me sentía tan cerca de usted, tan subyugado en mi sangre, tan subjugador de la suya, tan profundamente en el bosque, tan reposado en la calma que uno realmente no quiere decir nada, salvo, por ejemplo que el cielo se divisa por entre las ramas de los árboles, nada más, y una hora después uno repite lo mismo, y sin embargo, no hay en esa frase "una sola palabra que no haya sido cuidadosamente meditada". Y tampoco dura mucho, en el mejor de los casos un instante, pronto vuelven a sonar las trompetas del insomnio nocturno.
Reflexione, además, Milena, en qué condiciones me acerco a usted, qué viaje de treinta y ocho años hay detrás de mí (un viaje todavía mucho más largo porque soy judío), y cómo, al tomar una curva aparentemente casual del camino, la veo, cuando no esperaba verla, y menos aún tan definitivamente tarde, entonces, Milena, no puedo gritar, ni tampoco grita nada en mí, ni siquiera digo mil tonterías, porque no están en mí (omito las otras tonterías, de ésas poseo en exceso), y quizá sólo advierto que estoy arrodillado al ver que sus pies están ante mis ojos, y al acariciarlos.
Y no me exija sinceridad, Milena. Nadia puede exigírmela más que yo, y, sin embargo, muchas cosas me eluden, es más quizá me eludan todas. Pero el alentarme en esta cacería no me alienta, nada de eso, ya no puedo dar un paso más, de pronto se vuelve mentira, y el perseguido acosa al perseguidor. Voy por un camino peligroso, Milena. Usted se encuentra segura junto a un árbol, joven, hermosa, sus ojos subyugan con su brillo el dolor del mundo. Estamos jugando un juego infantil, yo me arrastro por la sombra, de un árbol a otro, estoy en pleno camino, usted me llama, me señala los peligros, quiere darme ánimos, se desespera al ver mi paso inseguro, me recuerda (¡a mí!) la seriedad del juego..., no puedo, desfallezco, ya he caído. No puedo escuchar al mismo tiempo las voces terribles de mi interior y la suya, pero en cambio puedo oír la suya sola y confiar en usted, como en nadie más en el mundo.
Suyo, F
viernes, 7 de diciembre de 2012
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